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Victoria: epicentro del oportunismo político

  • octubre 25, 2026
  • 7:54 am

Hora de cierre

Pedro Alfonso García Rodríguez

 

De todos los municipios del estado con escenarios políticos complicados por su amplia diversidad de actores, Victoria es tal vez el verdadero epicentro del choque de intereses provocado en Tamaulipas desde su alternancia.

En las últimas tres décadas de vida política la capital tamaulipeca tuvo cuatro gobernadores victorenses (Américo Villarreal Guerra, Eugenio Hernández, Egidio Torre Cantú, Américo Villarreal Anaya) y tres de la frontera (Manuel Cavazos Lerma, Tomás Yarrington y Cabeza de Vaca).

Y en todo ese lapso, la influencia de los gobernadores es más visible en la conformación de las estructuras políticas del municipio que en un verdadero cambio en la eficiencia del gobierno con la ciudadanía.

Aunque el origen del actual y caótico panorama que impera previo al proceso electoral para la renovación de 2027 se dio en la alternancia del PRI al PAN con la alcaldía del doctor Xicoténcatl González Uresti.

Previo a su llegada, Victoria tuvo su primera alternancia a mediados de la década de los 90 con Gustavo Cárdenas, entonces abanderado del PAN, quien hasta la fecha ha conservado un papel protagonista pese a la amplia diversidad de actores “emergentes” que disputan el poder.

Tras el paso de Gustavo, el priismo mantuvo el control de la ciudad por casi dos décadas y su resquebrajamiento político tuvo su origen en la misma alternancia política que se dio en el estado con la llegada del cabecismo al poder.

Hasta la llegada del panismo en el estado, la operación política de la capital tamaulipeca se mantenía bajo la influencia de los exgobernadores Eugenio Hernández Flores y Egidio Torre Cantú, ambos confrontados y, en el caso de Geño, perseguido por las autoridades mexicanas y estadounidenses.

El control político que mantuvo el priismo en la capital tamaulipeca hasta ese momento se mantuvo en manos de operadores políticos como el exalcalde Óscar Almaraz Smer (QEPD), hasta la llegada y suma de los nuevos actores.
La pobreza de gestión en los servicios públicos básicos, el saqueo presupuestal de personajes cercanos al ahora diputado Ismael García Cabeza de Vaca y la permanencia en el mismo presupuesto de priistas en la orfandad política terminaron por colapsar al municipio y le costaron el puesto a “Xico”.

La imposición de Pilar Gómez por parte de los hermanos Cabeza de Vaca provocó un reagrupamiento de fuerzas políticas cuyo origen se remontaba a los grupos de choque formados por el priismo desde la Universidad Autónoma de Tamaulipas, que terminaron por entregar el poder a Morena.

Y fue justamente con la llegada del actual alcalde Eduardo Gattás cuando inició en el municipio, además, una etapa de tensión constante con las estructuras del poder estatal, primero con Cabeza de Vaca y después tras la llegada del doctor Américo Villarreal Anaya.

Y probablemente fueron esos periodos de tensión los que nunca regresaron el control político del municipio a las fuerzas políticas locales, pese al alarde que se pueda presumir.

El periodo de inseguridad a partir de 2010 secuestró el control territorial del municipio, la alternancia provocó la pérdida del control político y los conflictos directos con el poder mantuvieron la gobernabilidad del municipio a merced de sus disputas con el poder estatal.

Y hasta la fecha es evidente la notoriedad y diferencia entre la participación del estado y del municipio en las principales obras del municipio.
El contraste entre la implementación de mega obras de infraestructura y la deficiencia en materia de servicios públicos es más que evidente con las evidentes omisiones en el mantenimiento de la infraestructura urbana.

Además del reparto presupuestal a empresas que han logrado mantener su presencia en las licitaciones públicas y adjudicaciones directas.
Y es probablemente lo que explica también el amplio ecosistema de aspirantes que actualmente impera previo al proceso electoral de 2027.

La etapa de confrontación política ha perdurado desde la caída del priismo en 2018 y sólo cambiaron los partidos en pugna.
Inicialmente con la permanencia de Almaraz tras la persecución y arresto de Eugenio Hernández Flores, después con el triunfo de Gattás y la obstinación de Cabeza de Vaca por perseguirlo junto a su secretario del Ayuntamiento, Hugo Reséndez.

Y pese al cambio en el poder estatal con la llegada de Américo Villarreal, el periodo de impunidad (directa o indirecta) que propició el secuestro institucional del cabecismo mantuvo un margen de acción a los gobiernos municipales propicios para la impunidad, como sucedió con Victoria y en otras partes del estado.

Y probablemente la elección de 2027 sea ese cuello de botella por el que tendrán que pasar todos esos grupos de poder que ejercieron o aún ejercen influencia en el “día D” de la operación política.

Desde la alternancia política en Tamaulipas, a prácticamente 11 años de distancia, sea la primera elección en la que regresan todos los actores que durante el cabecismo y la primera parte del ameriquismo se mantuvieron a raya o a la deriva.

Es la primera elección en la que regresa la influencia de los exgobernadores victorenses y la primera en la que podrán influir directamente, de tener las intenciones, las fuerzas políticas del gobernador Américo Villarreal.
Es la primera elección tras seis años de dominio por parte de las fuerzas de Gattás, confrontado o no con el gobierno estatal, ahora debilitado por algo tan natural como el paso del tiempo y el desgaste político.

La primera sin una influencia preponderante de un grupo delictivo en específico y con la lupa puesta por parte de las autoridades federales.
Y tal vez la primera elección en la historia de Victoria cuyo destino político sea un asunto de seguridad nacional y, por ende, de intervención directa, al menos en la designación, desde Palacio Nacional.

Y la primera en demostrar si el reparto del poder en Tamaulipas se dará desde los poderes locales o como parte de una dinámica nacional, como se ha visto en las recientes designaciones de Morena a lo largo del país.
Y es también la primera elección tras el paso de Morena en el poder con su respectivo desgaste.

Ese ambiente de incertidumbre ante la diversidad de actores y grupos políticos en turno provocó que múltiples figuras políticas, principalmente desde Morena, alzaran la mano.

Por Morena al menos existen más de ocho registros de aspirantes a la alcaldía, diputaciones locales y federales; el PAN acabó con la especulación al entregar la bandera al empresario Jorge “Tico” García, mientras Movimiento Ciudadano definiría su candidatura desde el grupo de Gustavo Cárdenas y el Verde decide si contiende junto a Morena o no.

La amplia variedad y oferta desde el partido en el poder de figuras que pudieran aterrizar en la escena política local sería tal vez un parteaguas en la forma de hacer política en la capital tamaulipeca.

Por ejemplo, por la posible llegada por primera vez en su historia de una mujer electa en un proceso electoral, y/o la renovación generacional tan urgente en Victoria como en todo el estado.

Y en el mismo escenario, el regreso a liderazgos o personajes de antaño en la operación política del municipio, como los del magisterio o la burocracia estatal.

Si en la operación político-electoral mantendrán su dominio los operadores de siempre, si la delincuencia organizada seguirá ejerciendo su control o, como ha sucedido en el pasado reciente de la ciudad, la influencia incluso de actores y/o grupos políticos nacionales.
Por lo pronto, la naturaleza del proceso y la diversidad de actores presentados principalmente desde Morena de inicio pronostican un choque de intereses, en su mayoría teñidos más de oportunismo que de buenas intenciones.
Y que reflejan, además, la naturaleza de la vida política tamaulipeca a pesar del paso de tres partidos políticos por el poder estatal.
Que, más allá de los colores, es la circunstancia la que dicta la permanencia, salida o incursión de nuevos o viejos actores en la vida política de la capital tamaulipeca.

Un título que, por cierto, poco pueden presumir sus habitantes ante las constantes deficiencias en materia de gobernabilidad y de servicios públicos básicos padecidas por décadas y pese al paso de partidos y actores de distintos colores.
Y el caos político imperante es un reflejo de lo que podría suceder y ya sucede en distintas partes del estado.

La elección de Victoria es una prueba de fuego para el gobernador Américo Villarreal y también para Morena.
Pero es también un ejemplo de cómo la alternancia política no es estrictamente democrática, por más que se intente vender de esa forma.
Y en el caso de Victoria, la guerra sucia, al menos desde las redes sociales, es una incómoda y dolorosa realidad.
@pedroalfonso88

 

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